Inteligencia emocional

Cuidar nuestra salud mental también es prevención: ¿por dónde empezar?

Escrito por Psic. Lorena Leigh

Por mucho tiempo la psicología y la salud mental se basaron en reducir sintomatologías, cambiar comportamientos indeseados y emociones consideradas negativas. Sin embargo, a fines de la década de los noventa, el psicólogo Martin Seligman impulsa lo que se conoce como Psicología Positiva y nos deja una metáfora para diferenciar entre intervenir sobre el malestar y prevenir y promover el bienestar:
Imagínate que tu vida es como un jardín, para poder cuidarlo y tenerlo bonito no se debe solamente sacar la hierba mala que puede crecer de vez en cuando, se necesita también sembrar flores de distintos tipos, podarlas, cuidarlas y regarlas de manera constante.
De la misma manera, debemos cultivar nuestro bienestar emocional. Trabajar lo que consideramos “hierba mala” que puede presentarse a través de síntomas evidentes asociados a distintos trastornos mentales, como también puede presentarse a través de miedos, creencias que nos resultan limitantes, comportamientos disfuncionales,
relaciones difíciles, entre otros. Aun así, debemos sembrar lo que queremos que esté en nuestro jardín, y para eso, la psicología positiva propone un modelo que reúne los principales componentes asociados a la felicidad.

MODELO PERMA

De acuerdo a sus siglas en inglés, el modelo PERMA significa:

  • Positive emotions / emociones positivas – fomentar la experimentación de emociones consideradas positivas, como por ejemplo la gratitud, la curiosidad, el amor, la paz, entre otras. De esta manera, no se busca dejar de sentir o evitar las emociones “negativas” si no aprender a gestionarlas y fomentar aquellas que permiten experimentar sensaciones asociadas al bienestar.
  • Engagement / Compromiso – este concepto está relacionado a la conexión con las actividades, coincide con el concepto de “flow” o “flujo” de Csikszentmihalyi y hace referencia a la inmersión en una actividad en donde se experimentan altos niveles de concentración y se puede alterar la percepción de tiempo, sintiéndonos absorbidos por esa actividad. 
  • Relationships / Relaciones positivas – las interacciones con familiares, amigos, compañeros de trabajo, pareja, personas de la comunidad que nos brinden una sensación de apoyo, valor y cariño van a tener un gran impacto no solo en nuestro estado emocional, si no que investigaciones lo asocian también con la conservación de nuestros estados cognitivos.
  • Meaning / Propósito – la búsqueda por un sentido más grande que nosotros mismos. Identificar el propósito detrás de nuestras acciones, a través de nuestro trabajo, nuestros hobbies, la ayuda a otras personas, el arte, la religión, el legado familiar, entre otros, se ve relacionado con nuestro bienestar.
  • Accomplishment / Sentido de logro – se da tras alcanzar nuestros objetivos, al cumplir algo que nos propusimos, al sentir que dominamos una tarea o actividad que realizamos. Cuando contamos con una motivación interna y sentimos orgullo de alcanzar nuestras metas. Resulta importante no basarnos solo en metas a largo plazo o hitos específicos como un ascenso o una graduación, si no que ir planteando también metas a corto plazo y con motivaciones intrínsecas como el crecimiento para generar mayor sensación de bienestar.

Si bien cada persona tiene su propia fórmula y definición acerca de la felicidad y cómo se ve para cada uno, este modelo nos puede servir con una guía, como un punto de partida para cuestionarnos acerca de cómo estamos en cada área, y empezar a notar y hacer consciente cómo a través de nuestras metas, relaciones y actividades del día a día podemos acercarnos a esa versión de nosotros que queremos ser y una que nos permita experimentar en mayor medida el bienestar emocional, teniendo en consideración que este no significa únicamente ausencia de enfermedad ni que debemos evitar emociones o situaciones negativas, si no aprender a atravesarlas, sentir un estado de bienestar a pesar de esas situaciones y fomentar hábitos saludables que nos den frutos.

Fuentes:

https://www.iepp.es/modelo-perma/

https://positivepsychology.com/es/modelo-permanente/ 
Curso: Positive Psychology: Martin E.P. Seligman’s Visionary Science, Universidad de Pensilvania vía Coursera.
Inteligencia emocional

No todo tiene que ser productivo: aprender a descansar sin culpa

Vivimos en una época en la que parece que siempre deberíamos estar haciendo algo y, muchas veces,  se nos premia por eso. Trabajar, estudiar, entrenar, ordenar la casa, aprender algo nuevo, responder mensajes, avanzar pendientes, aprovechar el tiempo al máximo…

Incluso cuando tenemos un momento libre, es posible que aparezca una pregunta incómoda: “¿No debería estar haciendo algo más importante?” Y así, lo que podría ser un momento de descanso termina convirtiéndose en otro espacio de exigencia.

Quizás el problema no sea que no sepamos descansar. Quizás hemos aprendido a sentir que solo tenemos derecho a descansar cuando hemos hecho suficiente. Pero la verdadera pregunta es: “¿cuánto es suficiente?”.

Cuando descansar empieza a sentirse como perder el tiempo

Para muchas personas, un día “bien aprovechado” es aquel en el que lograron cumplir con todo lo que tenían pendiente. En cambio, si pasamos una tarde viendo una serie, durmiendo una siesta, conversando con alguien o simplemente sin hacer nada, puede aparecer cierta incomodidad. 

Pensamientos como: “estoy perdiendo el tiempo”, “podría estar haciendo algo más productivo”, “debería aprovechar este momento”, pueden hacer que incluso nuestros momentos de pausa estén acompañados de culpa. Cuando esto se vuelve frecuente, descansar deja de ser realmente descansar.

Descansar no significa ser “flojo

A veces confundimos descanso con falta de disciplina, pero descansar no es necesariamente estar todo el día sin hacer nada. Tampoco significa abandonar nuestras responsabilidades o metas. Significa reconocer que somos personas con límites, con cuerpos que necesitan recuperarse y con una mente que también necesita hacerlo. 

Por eso, descansar no es lo contrario de cuidarnos. El descanso también es una forma de autocuidado y no necesitamos esperar a estar completamente agotados para permitirnos hacerlo.

¿Cómo te relacionas con el descanso?

Podemos empezar observando qué ocurre cuando tenemos tiempo libre.

Pregúntate:

  • ¿Me siento culpable cuando descanso?
  • ¿Siento que debería estar haciendo algo “más útil”?
  • ¿Me cuesta disfrutar de una actividad si percibo que no es productiva?
  • ¿Necesito haber terminado todas mis responsabilidades antes de permitirme descansar?
  • ¿Me resulta difícil e incómodo estar sin hacer nada?
  • ¿Incluso durante mis vacaciones sigo pensando en todo lo que debería estar haciendo?

Estas preguntas no buscan juzgar nuestra forma de descansar, sino ayudarnos a observar qué relación estamos construyendo con el descanso.

Algunas formas de empezar

No necesitas transformar completamente tu rutina, puedes comenzar con pequeños cambios:

  • Dejar algunos espacios sin planificar: no todo momento libre tiene que estar ocupado.
  • Practicar actividades que disfrutes sin convertirlas en metas: no tienes que leer cierta cantidad de páginas o caminar determinado número de pasos. 
  • Observar tu diálogo interno: cuando aparezca el “debería estar haciendo algo”, pregúntate si realmente tienes una responsabilidad pendiente o si simplemente estás sintiendo culpa por descansar.
  • Respetar tus señales de cansancio: el descanso no debería ser únicamente una respuesta cuando ya estamos al límite.

Y, entonces, podemos empezar a cambiar una pregunta. En lugar de preguntarnos únicamente: “¿Qué puedo hacer hoy?”, también podríamos preguntarnos: “¿Qué necesito hoy?”. A veces la respuesta será avanzar, resolver algo pendiente, otras veces será dormir, desconectarnos, conversar, jugar, pasear o simplemente parar. 

Descansar también es vivir

Tenemos muchas metas que alcanzar, responsabilidades que cumplir y cosas que queremos construir. Y eso no está mal. El problema aparece cuando sentimos que tenemos que estar haciendo algo con cada minuto disponible. 

La vida no está hecha únicamente de momentos productivos, también está hecha de conversaciones que no tenían un propósito, tardes poco “productivas”, siestas inesperadas, películas repetidas, caminatas sin destino y momentos en los que simplemente estuvimos ahí.

Descansar no significa renunciar a nuestras metas, significa recordar que, mientras las perseguimos, también necesitamos vivir. Y quizás aprender a descansar sin culpa sea justamente eso: permitirnos existir por un momento sin preguntarnos qué estamos consiguiendo a cambio.

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Cuando los hijos no quieren hablar: cómo acompañar sin presionar

Escrito por Psic. Ariana Alva

Hay etapas en las que comunicarnos con nuestros hijos puede resultar más difícil, y la adolescencia es, sin duda, una de las más desafiantes. Durante estos años, buscan mayor independencia, privacidad y autonomía, mientras atraviesan muchos cambios emocionales y sociales.

Es común que un adolescente responda “nada”, “estoy bien” o simplemente prefiera guardar silencio. Ante esto, es natural que los padres quieran saber qué ocurre y busquen acercarse. Sin embargo, insistir constantemente puede hacer que se cierre aún más.

Respetar su ritmo también es acompañar

No todos los adolescentes expresan lo que sienten de la misma manera ni en el mismo momento. Algunos necesitan tiempo para ordenar sus ideas antes de hablar.

Cuando un adolescente dice que no quiere hablar, podemos transmitirle:

“Está bien, no tienes que hablar ahora. Cuando quieras hacerlo, voy a estar aquí.”

Respetar su ritmo no significa desentenderse, sino darle espacio sin dejar de estar disponibles.

Muchas veces, las conversaciones surgen de manera más natural mientras se comparte una actividad cotidiana, se sale a caminar, se come juntos o simplemente se pasa tiempo en compañía.

La confianza se construye antes de la conversación

Para que un adolescente pueda acercarse cuando algo le preocupa, necesita sentir que existe un vínculo seguro. Esto implica escuchar sin juzgar inmediatamente, evitar minimizar lo que siente y no convertir cada conversación en un interrogatorio.

Frases sencillas como:

  • “Gracias por contármelo.”
  • “Entiendo que esto pueda ser difícil para ti.”
  • “No tienes que solucionarlo solo.”
  • “Si quieres hablar, estoy aquí.”

pueden ayudar a fortalecer la confianza.

Escuchar no significa estar de acuerdo con todo. Significa permitir que pueda expresar lo que piensa y siente para luego acompañarlo a reflexionar y tomar mejores decisiones.

No siempre necesitan soluciones

A veces, cuando un adolescente comparte algo, la respuesta inmediata de los adultos es aconsejar, corregir o buscar una solución. Antes de hacerlo, puede ser útil preguntar:

“¿Quieres que te escuche o quieres que pensemos juntos qué puedes hacer?”

Esta pregunta le permite sentirse escuchado y, al mismo tiempo, fomenta su autonomía.

Acompañar también es saber esperar

Durante la adolescencia, mantener un vínculo cercano puede requerir paciencia. Habrá momentos en los que quieran hablar y otros en los que necesiten distancia.

El objetivo no es conseguir que cuenten todo, sino construir una relación en la que sepan que pueden acudir a sus padres cuando realmente lo necesiten.

Respetar su ritmo, estar disponibles y cuidar el vínculo día a día puede hacer una gran diferencia.

Porque, cuando llegue el momento de hablar, lo más importante será que el adolescente piense:

“Sé que puedo contar con ellos.”

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Escucha a tu cuerpo: las señales físicas del estrés emocional

Lic. Austria Orrego Acosta

Vivimos en una sociedad donde es común escuchar frases como: «solo estoy cansado», «ya se me pasará» o «es normal sentirse así». Sin embargo, cuando las emociones no encuentran un espacio para expresarse, muchas veces es el cuerpo quien comienza a hablar.

El estrés emocional no solo afecta nuestra mente; también deja huellas en nuestro organismo. Aprender a reconocer estas señales es el primer paso para cuidar nuestra salud física y emocional.

¿Qué es el estrés emocional?

El estrés emocional aparece cuando sentimos que las demandas de la vida superan nuestros recursos para afrontarlas. Puede estar relacionado con el trabajo, los estudios, problemas familiares, pérdidas, cambios importantes o situaciones que generan preocupación constante.

Cuando el estrés se mantiene durante mucho tiempo, nuestro cuerpo permanece en un estado de alerta continuo, lo que puede afectar diferentes sistemas del organismo.

Señales físicas que podrían indicar estrés emocional

  1. Cansancio constante: Dormir varias horas y aun así sentir agotamiento puede ser una señal de que tu cuerpo está utilizando gran parte de su energía para enfrentar el estrés.
  2. Dolores de cabeza frecuentes: La tensión muscular y la activación constante del sistema nervioso pueden provocar cefaleas o migrañas recurrentes.
  3. Tensión en cuello, hombros o espalda: ¿Sientes los hombros rígidos o dolor en la espalda sin una causa física aparente? Es una de las manifestaciones más comunes del estrés.
  4. Palpitaciones o sensación de falta de aire: Ante niveles elevados de ansiedad, el cuerpo puede reaccionar acelerando el ritmo cardíaco o generando la sensación de que cuesta respirar, incluso cuando no existe una enfermedad física.
  5. Molestias digestivas: El estómago y el intestino también responden al estrés. Algunas personas presentan gastritis, dolor abdominal, náuseas, diarrea, estreñimiento o sensación de «nudo en el estómago».
  6. Problemas para dormir: Dificultad para conciliar el sueño, despertares frecuentes o sentir que el descanso no es reparador pueden estar relacionados con una sobrecarga emocional.
  7. Cambios en el apetito: El estrés puede hacer que algunas personas coman más de lo habitual, mientras que otras pierdan completamente el apetito.
  8. Enfermarse con mayor frecuencia: Cuando el estrés se prolonga, el sistema inmunológico puede debilitarse, haciendo que el organismo sea más vulnerable a infecciones y enfermedades.

¿Por qué sucede esto?

Nuestro cuerpo está diseñado para responder al peligro mediante la liberación de hormonas como el cortisol y la adrenalina. Esta respuesta es útil cuando enfrentamos una amenaza puntual.

Sin embargo, cuando el estrés se vuelve crónico, estas hormonas permanecen elevadas durante largos periodos, afectando el descanso, la digestión, el sistema cardiovascular, la concentración y el bienestar general.

Escuchar al cuerpo también es cuidar la salud mental

Muchas veces buscamos aliviar únicamente el síntoma físico sin preguntarnos qué emoción hay detrás. El cuerpo no siempre es el problema; en ocasiones, está intentando comunicar aquello que hemos ignorado durante mucho tiempo.

Pregúntate:

¿Cómo me he sentido emocionalmente en las últimas semanas?

¿Estoy descansando lo suficiente?

¿He tenido momentos para desconectarme y cuidar de mí?

¿Estoy expresando lo que siento o lo estoy guardando todo?

Responder estas preguntas puede ayudarte a comprender mejor el origen de tu malestar.

¿Qué puedes hacer?

Algunas estrategias que pueden ayudarte son:

  • Respetar tus tiempos de descanso.
  • Realizar actividad física de manera regular.
  • Practicar ejercicios de respiración o mindfulness.
  • Hablar sobre lo que sientes con personas de confianza.
  • Reducir los momentos de sobreexposición al trabajo y a las pantallas.
  • Buscar apoyo psicológico si el malestar persiste o interfiere con tu vida diaria.
Inteligencia emocional

Relaciones que suman: cómo identificar vínculos que nos hacen bien

Psic. Danitza Goizueta Cuestas

Las personas somos seres sociales. Desde que nacemos, nuestras relaciones influyen en la manera en que aprendemos, nos desarrollamos y comprendemos el mundo. La familia, los amigos, la pareja, los compañeros de trabajo o de estudio forman parte de una red de vínculos que puede convertirse en una fuente de apoyo, crecimiento y bienestar.

Sin embargo, no todas las relaciones tienen el mismo impacto en nuestra vida. Algunas nos hacen sentir tranquilos, respetados y valorados; otras, en cambio, pueden generar un desgaste emocional constante.

Por eso, vale la pena detenernos un momento y preguntarnos: ¿las relaciones que hoy forman parte de mi vida me ayudan a crecer o me hacen sentir cada vez más pequeño?

Las relaciones influyen en nuestro bienestar emocional

Los vínculos que construimos tienen un impacto importante en cómo nos sentimos. Compartir con personas que nos escuchan, nos respetan y nos brindan apoyo puede ayudarnos a afrontar momentos difíciles con mayor seguridad. Por el contrario, cuando una relación está marcada por las críticas constantes, la indiferencia o el miedo a expresar lo que pensamos, es común experimentar ansiedad, inseguridad o un desgaste emocional progresivo.

Esto no significa que una relación sana sea aquella donde nunca existen desacuerdos. Todas las relaciones atraviesan diferencias. La verdadera diferencia está en cómo se manejan esos conflictos.

¿Cómo reconocer un vínculo que nos hace bien?

Las relaciones saludables no son perfectas, pero sí ofrecen un espacio donde podemos sentirnos nosotros mismos sin miedo a ser juzgados constantemente.

Algunas características que suelen estar presentes son:

  • Existe respeto, incluso cuando hay diferencias de opinión.
  • Podemos expresar lo que sentimos sin temor a ser ridiculizados.
  • Hay interés genuino por nuestro bienestar.
  • Se respetan los límites personales.
  • Los errores pueden convertirse en oportunidades para dialogar y aprender.

Imaginemos a una persona que comparte una preocupación con un amigo. Quizá ese amigo no tenga la solución al problema, pero escucha con atención, valida lo que siente y permanece presente. Esa sensación de acompañamiento puede ser mucho más valiosa que cualquier consejo inmediato. Muchas veces, sentirnos comprendidos tiene un efecto reparador.

Las relaciones también requieren cuidado

Así como una planta necesita agua y luz para crecer, las relaciones también necesitan tiempo, comunicación y disposición para fortalecerse. Escuchar con atención, agradecer, pedir disculpas cuando es necesario y expresar afecto son acciones sencillas que contribuyen a construir vínculos más sólidos.

En ocasiones damos por hecho que las personas que queremos «ya saben» lo importantes que son para nosotros. Sin embargo, expresar reconocimiento y cariño fortalece la confianza y favorece una comunicación más cercana. Los vínculos saludables no se construyen desde la perfección, sino desde la intención constante de cuidarlos.

También es importante revisar cómo nos sentimos

Cuando pensamos en nuestras relaciones, solemos preguntarnos cómo son los demás. Pero también es útil preguntarnos cómo nos sentimos cuando estamos con ellos.

Podemos reflexionar con preguntas como:

  • ¿Me siento escuchado cuando hablo?
  • ¿Puedo mostrarme tal como soy?
  • ¿Siento tranquilidad después de compartir tiempo con esa persona?
  • ¿Existe respeto por mis decisiones y mis límites?

Las respuestas no siempre serán absolutas, pero pueden ayudarnos a comprender mejor qué relaciones fortalecen nuestro bienestar y cuáles quizá necesiten cambios, conversaciones pendientes o límites más claros.

Cultivar relaciones que nos permitan crecer

Las relaciones que más aportan a nuestra vida no son necesariamente las que llevan más años, sino aquellas donde existe respeto mutuo, confianza y la posibilidad de crecer juntos.

El apoyo social constituye uno de los factores protectores más importantes para el bienestar y la salud emocional. Saber que contamos con personas con quienes compartir nuestras alegrías y dificultades fortalece nuestra capacidad para afrontar los desafíos de la vida.

Al mismo tiempo, esto implica recordar que nosotros también formamos parte del bienestar de quienes nos rodean. Una palabra amable, una escucha atenta o un gesto de apoyo pueden marcar una diferencia mucho mayor de la que imaginamos.

Porque, al final, los vínculos más valiosos no son los que nos exigen ser alguien diferente, sino aquellos que nos permiten ser nosotros mismos mientras seguimos creciendo.

Referencias:

Bisquerra, R. (2011). Educación emocional. Propuestas para educadores y familias. Desclée de Brouwer. 

Esclapez, M. (2022). Me quiero, te quiero: una guía para desarrollar relaciones sanas (y mejorar las que ya tienes). Bruguera. 

Fernández, C. (2026). Ruta hacia las relaciones en positivo: Un viaje para construir vínculos más auténticos y plenos. Plataforma. 
Inteligencia emocional

Comunicación difícil: cómo decir lo que sentimos sin dañar el vínculo

Psic. Danitza Goizueta Cuestas

Hay conversaciones que evitamos durante días, semanas o incluso meses. No porque no tengamos nada que decir, sino porque tememos que nuestras palabras generen un conflicto, lastimen a alguien o dañen una relación importante.

Decir lo que sentimos puede ser difícil. A veces callamos para mantener la calma, para evitar discusiones o porque pensamos que “no vale la pena hablarlo”. Sin embargo, cuando las emociones se guardan constantemente, suelen acumularse y aparecer después en forma de distancia, irritación o resentimiento.

La buena noticia es que expresar lo que sentimos no tiene por qué significar atacar al otro. Es posible comunicar emociones y necesidades cuidando el vínculo.

Hablar no es lo mismo que reaccionar

En los momentos de tensión, es fácil hablar desde el enojo o la frustración. Cuando reaccionamos impulsivamente, solemos usar frases como:

  • “Tú siempre haces lo mismo.”
  • “Nunca me escuchas.”
  • “No te importa cómo me siento.”

Este tipo de mensajes suele generar defensa y alejar la conversación de lo que realmente queremos expresar.

Una alternativa más saludable es hablar desde nuestra experiencia:

  • “Me sentí ignorado cuando no respondiste.”
  • “Me gustaría que pudiéramos hablar de esto con más calma.”
  • “Necesito sentir que mi opinión también es tomada en cuenta.”

La diferencia parece pequeña, pero cambia completamente el tono de la conversación.

La importancia de la comunicación asertiva

La comunicación asertiva consiste en expresar pensamientos, emociones y necesidades de manera clara y respetuosa, sin agredir ni callar lo importante. El psicólogo Manuel J. Smith explica que la asertividad permite defender nuestros derechos personales sin vulnerar los de los demás. Ser asertivos no significa hablar “perfecto” ni evitar toda incomodidad. Significa buscar un equilibrio entre lo que sentimos y el cuidado de la relación.

Elegir el momento también importa

No todas las conversaciones difíciles deben ocurrir inmediatamente. Si estamos muy alterados, es probable que nos cueste escuchar y pensar con claridad. Tomar una pausa puede ayudar a ordenar las emociones antes de hablar.

Por ejemplo, si una discusión ocurre en medio del cansancio o del estrés laboral, quizá sea más útil decir:

“Quiero hablar de esto porque es importante para mí, pero prefiero hacerlo cuando ambos estemos más tranquilos.”

Posponer una conversación para un mejor momento no es evitarla; es prepararse para tenerla de una manera más saludable.

Escuchar también es parte de la comunicación

A veces nos enfocamos tanto en explicar nuestro punto de vista que olvidamos escuchar el del otro.

Una comunicación que cuida el vínculo incluye:

  • Escuchar sin interrumpir.
  • Preguntar antes de asumir.
  • Intentar comprender la emoción detrás de las palabras.
  • Reconocer cuando el otro también se siente herido o preocupado.

Sentirse escuchado reduce la tensión y facilita que ambas personas encuentren un terreno común.

Cuando expresar lo que sentimos fortalece la relación

Muchas personas temen que hablar de un problema dañe el vínculo. Sin embargo, en numerosas ocasiones ocurre lo contrario: las relaciones se fortalecen cuando existe espacio para la honestidad y el diálogo.

Imaginemos a una amiga que durante semanas se sintió desplazada por la falta de contacto. Si guarda silencio, la distancia probablemente aumente. Pero si logra expresar con calma cómo se sintió, abre la posibilidad de aclarar malentendidos y reconstruir la cercanía. Las conversaciones difíciles no siempre son cómodas, pero pueden ser profundamente necesarias.

Decir lo que sentimos también es una forma de cuidar

Comunicar una emoción no significa culpar al otro. Significa compartir una parte de nuestra experiencia para que la relación pueda crecer desde la comprensión y no desde las suposiciones. Hablar con respeto, escuchar con atención y expresar nuestras necesidades con claridad son habilidades que se aprenden y se practican.

A veces, la conversación más valiente no es la que gana una discusión, sino la que permite que dos personas se entiendan mejor. Porque cuidar un vínculo no siempre implica evitar los temas difíciles. 

Referencias:

Goleman, D. (1995). Inteligencia emocional. Kairós. 

Riso, W. (2013). Los límites del amor. Planeta.

Rosenberg, M. B. (2019). Comunicación no violenta: un lenguaje de vida. PuddleDancer Press.

Smith, M. J. (2003). Cuando digo no, me siento culpable. Debolsillo.

Inteligencia emocional

Normalizar no siempre es sano: emociones que hemos aprendido a ignorar

Psic. Ariana Alva

«Así es la vida», «No es para tanto», «Ya se te pasará», «Hay personas que están peor que tú».

Muchas personas crecimos escuchando frases como estas cada vez que expresábamos tristeza, frustración, miedo o agotamiento. Con el tiempo, aprendimos a minimizar ciertas emociones hasta el punto de considerarlas normales. Sin embargo, que algo sea frecuente no significa que sea saludable.

Cuando nos acostumbramos a sentirnos mal

A veces normalizamos estados emocionales que merecen atención. Vivir constantemente estresados, sentir ansiedad todos los días, experimentar cansancio emocional permanente o vivir con una sensación de vacío no debería convertirse en nuestra forma habitual de estar en el mundo.

El problema de normalizar estas emociones es que dejamos de escucharlas. En lugar de preguntarnos qué nos están intentando comunicar, seguimos adelante ignorando las señales de nuestro cuerpo y nuestra mente.

Las emociones tienen una función

Las emociones no aparecen por casualidad. Cada una cumple un propósito importante:

  • La tristeza nos invita a procesar pérdidas y buscar apoyo.
  • El miedo nos ayuda a identificar posibles peligros.
  • La ira nos señala cuando sentimos que se han vulnerado nuestros límites.
  • La ansiedad puede alertarnos sobre situaciones que percibimos como amenazantes o inciertas.

Cuando ignoramos estas emociones, no desaparecen. Muchas veces se manifiestan de otras formas: irritabilidad, dificultades para dormir, falta de concentración, dolores físicos o conflictos en nuestras relaciones.

¿Cómo saber si he normalizado algo que necesita atención?

Algunas señales pueden ser:

  • Sentirse agotado la mayor parte del tiempo.
  • Pensar constantemente que «debería poder con todo».
  • Minimizar el propio malestar comparándolo con el de otras personas.
  • No recordar la última vez que se sintió realmente tranquilo o en calma.
  • Considerar normales niveles elevados de estrés, preocupación o tristeza.

Si te identificas con alguna de estas situaciones, puede ser un buen momento para detenerte y reflexionar sobre cómo te has estado sintiendo.

Escuchar nuestras emociones también es autocuidado

Validar nuestras emociones no significa dejarnos dominar por ellas. Significa reconocerlas, comprender su mensaje y responder de manera saludable.

Aprender a escuchar lo que sentimos es una habilidad fundamental para nuestro bienestar emocional. Cuando dejamos de normalizar el malestar y empezamos a prestarle atención, nos damos la oportunidad de cuidarnos mejor, pedir ayuda cuando la necesitamos y construir una relación más sana con nosotros mismos.

Las emociones no son un problema que debamos eliminar. Son una fuente valiosa de información. Escucharlas puede ser el primer paso para sentirnos mejor.

Bienestar laboral

Cuando el trabajo no se desconecta: límites saludables en la vida laboral

Psic. Danitza Goizueta Cuestas

Vivimos en una época donde estar disponible todo el tiempo parece haberse vuelto normal. Un mensaje fuera del horario laboral, responder correos antes de dormir o revisar pendientes durante el fin de semana son situaciones cada vez más frecuentes.

Poco a poco, el trabajo comienza a ocupar espacios que antes estaban destinados al descanso, la familia o el tiempo personal. Y aunque muchas veces esto se justifica como “compromiso” o “responsabilidad”, mantenernos conectados permanentemente también puede tener un costo emocional importante.

Porque trabajar es importante, pero descansar y desconectarnos también lo es.

Cuando el trabajo invade otros espacios

No siempre es fácil identificar cuándo el trabajo deja de ser una parte de la vida para convertirse en el centro de todo. A veces ocurre de forma gradual: revisar el celular “solo un momento”, responder un mensaje rápido o adelantar tareas fuera de horario.

El problema aparece cuando la mente nunca logra desconectarse completamente. Incluso estando en casa, muchas personas continúan pensando en pendientes, preocupaciones o tareas acumuladas. El cuerpo puede estar descansando, pero la mente sigue trabajando.

Con el tiempo, esto puede generar:

  • Cansancio constante
  • Irritabilidad
  • Dificultad para disfrutar el tiempo libre
  • Sensación de agotamiento mental
  • Problemas para dormir o relajarse

La Organización Mundial de la Salud ha señalado la importancia de cuidar el bienestar mental en el entorno laboral, especialmente en contextos donde el estrés se vuelve sostenido en el tiempo.

Poner límites no es falta de compromiso

Muchas personas sienten culpa cuando intentan establecer límites laborales. Existe la idea de que “estar siempre disponible” demuestra responsabilidad o profesionalismo.

Sin embargo, cuidar nuestros límites no significa trabajar menos ni ser menos comprometidos. Significa reconocer que necesitamos espacios de recuperación emocional y mental para sostener nuestro bienestar a largo plazo.

Por ejemplo, una persona que responde mensajes laborales incluso durante la cena familiar puede terminar sintiéndose desconectada tanto del trabajo como de sus relaciones personales. Descansar no es perder el tiempo; es recuperar energía para continuar.

El impacto en las relaciones y la vida personal

Cuando el trabajo ocupa constantemente nuestro espacio mental y emocional, otras áreas importantes de la vida pueden verse afectadas.

A veces estamos físicamente presentes con las personas que queremos, pero emocionalmente seguimos resolviendo pendientes laborales.

Esto puede generar:

  • Menor conexión familiar
  • Dificultades para disfrutar momentos cotidianos
  • Sensación de aislamiento
  • Desgaste emocional acumulado

El equilibrio no significa dividir el tiempo de forma perfecta, sino aprender a estar realmente presentes en cada espacio.

Pequeños límites que hacen una gran diferencia

Construir límites saludables no siempre requiere cambios radicales. Muchas veces empieza con pequeñas decisiones cotidianas:

  • Evitar revisar correos fuera del horario laboral
  • Respetar momentos de descanso y alimentación
  • Tomar pausas durante la jornada
  • Diferenciar el espacio laboral del personal, especialmente en trabajo remoto
  • Permitirnos desconectarnos sin sentir culpa

También es importante aprender a escuchar nuestras señales internas. El cansancio extremo, la irritabilidad constante o la dificultad para relajarnos pueden ser indicadores de que necesitamos hacer ajustes.

Desconectarnos también es salud emocional

Vivimos en una cultura que suele premiar la productividad constante, pero pocas veces nos enseña a descansar sin culpa.

Desconectarnos no significa dejar de ser responsables. Significa recordar que nuestra vida no puede reducirse únicamente al rendimiento.

A veces, el descanso no es una pausa del camino; es parte del camino.

Tener límites saludables nos permite trabajar con mayor claridad, cuidar nuestras relaciones y preservar nuestro bienestar emocional.

Porque al final, una vida equilibrada no se construye trabajando sin parar, sino aprendiendo cuándo avanzar y cuándo detenernos para cuidarnos.

Referencias bibliográficas:

Brown, B. (2011). Los dones de la imperfección. Urano.

Organización Mundial de la Salud. (2022). La salud mental en el trabajo.
 https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/mental-health-at-work

InfoJobs. (2022). Desconexión digital, ¿está aplicando tu empresa la norma? InfoJobs Empresas: Gestión de Recursos Humanos En Pymes. https://recursos-humanos.infojobs.net/desconexion-digital-estas-aplicando-ley/
Inteligencia emocional

Acompañar sin sobreexigir: el equilibrio en la crianza actual

Psic. Danitza Goizueta Cuestas

Criar nunca ha sido una tarea sencilla. Sin embargo, en la actualidad muchas familias sienten una presión constante por “hacerlo todo bien”: estimular temprano, asegurar buenos resultados académicos, desarrollar habilidades, fomentar independencia y, al mismo tiempo, cuidar el bienestar emocional de sus hijos. En medio de tantas expectativas, puede aparecer una pregunta importante: ¿Hasta qué punto acompañamos el crecimiento de nuestros hijos y cuándo comenzamos a exigir más de lo que realmente necesitan?

Cuando el amor también se transforma en presión

La mayoría de las veces, la sobreexigencia no nace de la falta de amor, sino todo lo contrario. Muchos padres desean ofrecerles a sus hijos las mejores oportunidades posibles y prepararlos para el futuro.

El problema aparece cuando, sin darnos cuenta, el rendimiento comienza a tener más protagonismo que el bienestar.

Horarios llenos de actividades, presión por destacar o comparaciones constantes pueden generar en los niños y adolescentes la sensación de que siempre deben hacer más para ser suficientes.

Por ejemplo, un niño que siente miedo de equivocarse porque cree que decepcionará a sus padres puede empezar a vivir el aprendizaje desde la ansiedad y no desde la curiosidad. Acompañar no significa exigir perfección. Significa estar presentes mientras los hijos aprenden, se equivocan y crecen a su propio ritmo.

La importancia de validar antes de corregir

En muchas ocasiones, cuando un niño expresa frustración, tristeza o cansancio, los adultos intentan resolver rápidamente la situación o corregir la conducta.

Sin embargo, antes de enseñar o corregir, los niños necesitan sentirse comprendidos.

Frases simples como:

  • “Entiendo que esto te haya costado”
  • “Parece que hoy fue un día difícil para ti”
  • “No tienes que hacerlo perfecto para que esté orgulloso de ti”

Pueden tener un impacto emocional enorme.

Crecer también necesita descanso y juego

En la crianza actual, a veces olvidamos que los niños no necesitan estar produciendo constantemente para desarrollarse adecuadamente.

El descanso, el juego libre y los momentos de conexión familiar también son fundamentales para el bienestar emocional. A través del juego, los niños exploran emociones, fortalecen su creatividad y desarrollan habilidades sociales de manera natural.

Un niño que tiene espacio para jugar, aburrirse, descansar y compartir tiempo afectivo también está aprendiendo. No todo el aprendizaje ocurre en actividades estructuradas o en resultados visibles.

Acompañar desde la presencia, no desde la perfección

Muchos padres sienten miedo de equivocarse en la crianza. Pero criar no se trata de ser perfectos; se trata de construir vínculos donde exista escucha, seguridad y afecto. A veces, lo que más necesitan los hijos no es un adulto que tenga todas las respuestas, sino un adulto disponible emocionalmente.

Estar presentes implica:

  • Escuchar sin juzgar inmediatamente
  • Permitir que los hijos expresen emociones
  • Acompañar los errores sin humillar
  • Reconocer también nuestros propios límites como adultos

Porque los niños no aprenden únicamente de lo que les decimos, sino también de cómo los hacemos sentir.

El equilibrio también es una forma de amor

Acompañar sin sobreexigir no significa dejar de poner límites o renunciar a enseñar responsabilidad. Significa recordar que el bienestar emocional también forma parte del crecimiento.

Los hijos necesitan guía, pero también necesitan espacios para equivocarse, descansar, descubrir quiénes son y sentirse queridos más allá de sus logros.

Criar no es preparar niños perfectos, sino personas que puedan crecer sintiéndose valiosas, seguras y emocionalmente acompañadas.

Y quizás ahí esté uno de los aprendizajes más importantes de la crianza actual: entender que el amor no siempre impulsa más rápido, a veces también abraza, espera y sostiene.

Referencias bibliográficas:
  • Dweck, C. S. (2006). Mindset: La actitud del éxito. Sirio.
  • Siegel, D. J., & Bryson, T. P. (2012). El cerebro del niño. Alba Editorial.
  • American Academy of Pediatrics. (2023). The power of play: A pediatric role in enhancing development in young children.
  • https://publications.aap.org/pediatrics/article/142/3/e20182058/37518/The-Power-ofPlay-A-Pediatric-Role-in-Enhancing UNICEF. (2021).
  • Parental burnout: How to recognize it and what to do about it. https://www.unicef.org/parenting/mental-health/parental-burnout
Inteligencia emocional

¿Cómo sabemos que estamos bien emocionalmente?

Psic. Ariana Alva

Señales más allá de “sentirse bien”

Muchas veces pensamos que estar bien emocionalmente significa estar felices todo el tiempo, no llorar, no enojarnos o sentirnos siempre motivados. Sin embargo, la salud emocional va mucho más allá de “sentirse bien”. De hecho, una persona emocionalmente sana también puede sentirse triste, frustrada, cansada o preocupada en determinados momentos.

Entonces, ¿cómo sabemos realmente que estamos bien emocionalmente?

La respuesta no está en evitar las emociones difíciles, sino en cómo las vivimos, entendemos y manejamos en nuestra vida diaria.

  1. Puedes reconocer lo que sientes: Una de las principales señales de bienestar emocional es identificar nuestras emociones sin necesidad de negarlas o esconderlas. Por ejemplo, decir: “Estoy molesto porque sentí que no me escucharon” “Hoy me siento agotado emocionalmente” “Estoy nervioso por esta situación”. Nombrar las emociones ayuda a comprenderlas y regularlas.
  2. No necesitas estar feliz todo el tiempo: Existe la idea equivocada de que “si estoy triste, algo está mal conmigo”. Pero sentir tristeza, miedo o enojo es completamente normal. El bienestar emocional no significa vivir en felicidad constante, sino tener la capacidad de atravesar emociones difíciles sin perder completamente el equilibrio.
  3. Sabes poner límites: Decir “no” también es salud emocional. Muchas veces, por miedo a decepcionar a otros, terminamos aceptando situaciones que nos desgastan física y emocionalmente. Aprender a poner límites sanos implica reconocer nuestras necesidades y respetarlas.
    Algunas señales de límites saludables son:
    Expresar incomodidad sin sentir culpa excesiva.
    Alejarse de relaciones dañina.
  4. Puedes adaptarte a los cambios. La vida cambia constantemente: nuevas etapas, pérdidas, responsabilidades, problemas o incertidumbre. Estar bien emocionalmente no significa que los cambios no afecten, sino tener cierta flexibilidad para afrontarlos.
  5. Tener espacios de calma y disfrute. No todo en la vida debe ser productividad o exigencia. El bienestar emocional también aparece cuando existen momentos de conexión y descanso.
  6. Te tratas con menos dureza. La manera en la que nos hablamos internamente influye muchísimo en nuestra salud emocional. La autocompasión no es conformismo; es aprender a acompañarnos en lugar de atacarnos constantemente.
  7. Pide ayuda cuando la necesitas. No es una señal de debilidad. Muchas veces, es una señal de conciencia emocional. Hablar con un amigo, familiar o profesional de salud mental puede ayudarnos a entender mejor lo que sentimos y encontrar herramientas para afrontarlo.

Entonces… ¿estar bien emocionalmente significa nunca sentirse mal?

No.

Significa poder sentir, expresar, regular y atravesar las emociones de una manera saludable.

 

A veces, estar bien emocionalmente se ve así:

  • Descansar cuando estás agotado
  • Llorar sin avergonzarte
  • Reconocer que algo te duele
  • Pedir apoyo
  • Poner límites
  • Continuar, aunque haya días difíciles

La salud emocional no es perfección ni felicidad constante. Es equilibrio, flexibilidad y cuidado hacia uno mismo.