Inteligencia emocional

Escrito por Psic. Ariana Alva

Hay etapas en las que comunicarnos con nuestros hijos puede resultar más difícil, y la adolescencia es, sin duda, una de las más desafiantes. Durante estos años, buscan mayor independencia, privacidad y autonomía, mientras atraviesan muchos cambios emocionales y sociales.

Es común que un adolescente responda “nada”, “estoy bien” o simplemente prefiera guardar silencio. Ante esto, es natural que los padres quieran saber qué ocurre y busquen acercarse. Sin embargo, insistir constantemente puede hacer que se cierre aún más.

Respetar su ritmo también es acompañar

No todos los adolescentes expresan lo que sienten de la misma manera ni en el mismo momento. Algunos necesitan tiempo para ordenar sus ideas antes de hablar.

Cuando un adolescente dice que no quiere hablar, podemos transmitirle:

“Está bien, no tienes que hablar ahora. Cuando quieras hacerlo, voy a estar aquí.”

Respetar su ritmo no significa desentenderse, sino darle espacio sin dejar de estar disponibles.

Muchas veces, las conversaciones surgen de manera más natural mientras se comparte una actividad cotidiana, se sale a caminar, se come juntos o simplemente se pasa tiempo en compañía.

La confianza se construye antes de la conversación

Para que un adolescente pueda acercarse cuando algo le preocupa, necesita sentir que existe un vínculo seguro. Esto implica escuchar sin juzgar inmediatamente, evitar minimizar lo que siente y no convertir cada conversación en un interrogatorio.

Frases sencillas como:

  • “Gracias por contármelo.”
  • “Entiendo que esto pueda ser difícil para ti.”
  • “No tienes que solucionarlo solo.”
  • “Si quieres hablar, estoy aquí.”

pueden ayudar a fortalecer la confianza.

Escuchar no significa estar de acuerdo con todo. Significa permitir que pueda expresar lo que piensa y siente para luego acompañarlo a reflexionar y tomar mejores decisiones.

No siempre necesitan soluciones

A veces, cuando un adolescente comparte algo, la respuesta inmediata de los adultos es aconsejar, corregir o buscar una solución. Antes de hacerlo, puede ser útil preguntar:

“¿Quieres que te escuche o quieres que pensemos juntos qué puedes hacer?”

Esta pregunta le permite sentirse escuchado y, al mismo tiempo, fomenta su autonomía.

Acompañar también es saber esperar

Durante la adolescencia, mantener un vínculo cercano puede requerir paciencia. Habrá momentos en los que quieran hablar y otros en los que necesiten distancia.

El objetivo no es conseguir que cuenten todo, sino construir una relación en la que sepan que pueden acudir a sus padres cuando realmente lo necesiten.

Respetar su ritmo, estar disponibles y cuidar el vínculo día a día puede hacer una gran diferencia.

Porque, cuando llegue el momento de hablar, lo más importante será que el adolescente piense:

“Sé que puedo contar con ellos.”

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

This field is required.

This field is required.