Inteligencia emocional

Psic. Danitza Goizueta Cuestas

Hay conversaciones que evitamos durante días, semanas o incluso meses. No porque no tengamos nada que decir, sino porque tememos que nuestras palabras generen un conflicto, lastimen a alguien o dañen una relación importante.

Decir lo que sentimos puede ser difícil. A veces callamos para mantener la calma, para evitar discusiones o porque pensamos que “no vale la pena hablarlo”. Sin embargo, cuando las emociones se guardan constantemente, suelen acumularse y aparecer después en forma de distancia, irritación o resentimiento.

La buena noticia es que expresar lo que sentimos no tiene por qué significar atacar al otro. Es posible comunicar emociones y necesidades cuidando el vínculo.

Hablar no es lo mismo que reaccionar

En los momentos de tensión, es fácil hablar desde el enojo o la frustración. Cuando reaccionamos impulsivamente, solemos usar frases como:

  • “Tú siempre haces lo mismo.”
  • “Nunca me escuchas.”
  • “No te importa cómo me siento.”

Este tipo de mensajes suele generar defensa y alejar la conversación de lo que realmente queremos expresar.

Una alternativa más saludable es hablar desde nuestra experiencia:

  • “Me sentí ignorado cuando no respondiste.”
  • “Me gustaría que pudiéramos hablar de esto con más calma.”
  • “Necesito sentir que mi opinión también es tomada en cuenta.”

La diferencia parece pequeña, pero cambia completamente el tono de la conversación.

La importancia de la comunicación asertiva

La comunicación asertiva consiste en expresar pensamientos, emociones y necesidades de manera clara y respetuosa, sin agredir ni callar lo importante. El psicólogo Manuel J. Smith explica que la asertividad permite defender nuestros derechos personales sin vulnerar los de los demás. Ser asertivos no significa hablar “perfecto” ni evitar toda incomodidad. Significa buscar un equilibrio entre lo que sentimos y el cuidado de la relación.

Elegir el momento también importa

No todas las conversaciones difíciles deben ocurrir inmediatamente. Si estamos muy alterados, es probable que nos cueste escuchar y pensar con claridad. Tomar una pausa puede ayudar a ordenar las emociones antes de hablar.

Por ejemplo, si una discusión ocurre en medio del cansancio o del estrés laboral, quizá sea más útil decir:

“Quiero hablar de esto porque es importante para mí, pero prefiero hacerlo cuando ambos estemos más tranquilos.”

Posponer una conversación para un mejor momento no es evitarla; es prepararse para tenerla de una manera más saludable.

Escuchar también es parte de la comunicación

A veces nos enfocamos tanto en explicar nuestro punto de vista que olvidamos escuchar el del otro.

Una comunicación que cuida el vínculo incluye:

  • Escuchar sin interrumpir.
  • Preguntar antes de asumir.
  • Intentar comprender la emoción detrás de las palabras.
  • Reconocer cuando el otro también se siente herido o preocupado.

Sentirse escuchado reduce la tensión y facilita que ambas personas encuentren un terreno común.

Cuando expresar lo que sentimos fortalece la relación

Muchas personas temen que hablar de un problema dañe el vínculo. Sin embargo, en numerosas ocasiones ocurre lo contrario: las relaciones se fortalecen cuando existe espacio para la honestidad y el diálogo.

Imaginemos a una amiga que durante semanas se sintió desplazada por la falta de contacto. Si guarda silencio, la distancia probablemente aumente. Pero si logra expresar con calma cómo se sintió, abre la posibilidad de aclarar malentendidos y reconstruir la cercanía. Las conversaciones difíciles no siempre son cómodas, pero pueden ser profundamente necesarias.

Decir lo que sentimos también es una forma de cuidar

Comunicar una emoción no significa culpar al otro. Significa compartir una parte de nuestra experiencia para que la relación pueda crecer desde la comprensión y no desde las suposiciones. Hablar con respeto, escuchar con atención y expresar nuestras necesidades con claridad son habilidades que se aprenden y se practican.

A veces, la conversación más valiente no es la que gana una discusión, sino la que permite que dos personas se entiendan mejor. Porque cuidar un vínculo no siempre implica evitar los temas difíciles. 

Referencias:

Goleman, D. (1995). Inteligencia emocional. Kairós. 

Riso, W. (2013). Los límites del amor. Planeta.

Rosenberg, M. B. (2019). Comunicación no violenta: un lenguaje de vida. PuddleDancer Press.

Smith, M. J. (2003). Cuando digo no, me siento culpable. Debolsillo.

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