Psic. Giovanna Indica
“Desde que ingresó a mi vida, mi gata Marilyn Monroe, una gata techera coqueta, mi vida cambió. La dedicación a su alimentación, cuidado y otros, realmente transformaron mi mundo. Ella cambió mi mundo y yo cambié la de ella”
El ritmo acelerado de la vida moderna, el estrés constante, la soledad y los desafíos emocionales han llevado a muchas personas a buscar nuevas formas de apoyo emocional. En este contexto, las mascotas han adquirido un papel relevante como fuentes de consuelo, compañía y bienestar psicológico. Perros, gatos, aves y otros animales domésticos no solo son compañeros leales, sino también verdaderos aliados en la salud mental.
Una relación terapéutica …
El vínculo entre humanos y mascotas es profundo y emocionalmente significativo. Numerosos estudios han demostrado que interactuar con una mascota puede reducir los niveles de ansiedad, disminuir el estrés y mejorar el estado de ánimo.
Lo imaginabas? Acciones tan simples como acariciar a un perro o escuchar el ronroneo de un gato pueden desencadenar la liberación de oxitocina, una hormona asociada al afecto y la tranquilidad.
Además, la presencia constante de una mascota puede ofrecer una sensación de estabilidad y rutina. Para muchas personas que viven solas, los animales proporcionan una compañía que disminuye la sensación de aislamiento y soledad. Este tipo de vínculo emocional es especialmente valioso para adultos mayores, personas con depresión o quienes atraviesan procesos de duelo.
En algún momento, un paciente me señaló lo siguiente “Me levanto porque mi pequeña mascota me necesita, soy lo más importante para ella y ella es lo más importante para mí”
Apoyo emocional en trastornos psicológicos
Las mascotas también han demostrado ser herramientas eficaces en el tratamiento de diversos trastornos mentales. Por ejemplo, en casos de depresión o trastornos de ansiedad, la responsabilidad diaria de cuidar a un animal puede dar un sentido de propósito, obligando al individuo a mantener cierta estructura en su vida. Esta rutina puede ser terapéutica y motivadora.
En el caso del trastorno de estrés postraumático (TEPT), algunos estudios han evidenciado que los animales de compañía pueden ayudar a reducir los episodios de ansiedad intensa y ofrecer una sensación de seguridad. También son ampliamente utilizados como parte de terapias asistidas con animales, donde su presencia contribuye a mejorar la comunicación, la empatía y la expresión emocional en pacientes con autismo, fobias o trastornos del desarrollo.
Lo imaginabas? Sí, son realmente un gran apoyo emocional y se constituyen como facilitadores incluso en situaciones de desregulación emocional.
Nuestra Mascota es un pilar para nuestro bienestar.
Es imposible ignorar los beneficios físicos que conlleva tener una mascota, especialmente en el caso de los perros. Las caminatas diarias promueven la actividad física regular, lo cual no solo beneficia la salud corporal, sino que también mejora la salud mental al liberar endorfinas y reducir el cortisol, la hormona del estrés.
La interacción diaria con mascotas también puede mejorar la presión arterial, el ritmo cardíaco y fortalecer el sistema inmunológico. Estos efectos fisiológicos positivos refuerzan el impacto emocional que tienen los animales en la vida de sus dueños.
El poder terapéutico de una mascota, no debe subestimarse. En un mundo donde cada vez más personas enfrentan desafíos emocionales, contar con un amigo peludo puede marcar una gran diferencia.
Bibliografia: 1.Martínez, M. E., & González, A. (2018). Intervenciones asistidas con animales: Una alternativa terapéutica para el bienestar emocional. Revista Psicología y Salud, 28(2), 145–152. https://doi.org/10.14306/pss.v28i2.345 2. Muñoz Lasa, S., Ferriero, G., Casale, R., & Maghini, C. (2014). Terapia asistida con animales: Aspectos psicológicos y físicos en pacientes crónicos. Rehabilitación, 48(4), 224–229. https://doi.org/10.1016/j.rh.2014.06.004 3. Pérez-Gálvez, A., & López-Cepero, J. (2019). Relación entre la tenencia de mascotas y la salud mental: Una revisión bibliográfica. Revista Española de Salud Pública, 93, e1–e10. Recuperado de https://www.mscbs.gob.es/




