Inteligencia emocional

Vivimos en una época en la que parece que siempre deberíamos estar haciendo algo y, muchas veces,  se nos premia por eso. Trabajar, estudiar, entrenar, ordenar la casa, aprender algo nuevo, responder mensajes, avanzar pendientes, aprovechar el tiempo al máximo…

Incluso cuando tenemos un momento libre, es posible que aparezca una pregunta incómoda: “¿No debería estar haciendo algo más importante?” Y así, lo que podría ser un momento de descanso termina convirtiéndose en otro espacio de exigencia.

Quizás el problema no sea que no sepamos descansar. Quizás hemos aprendido a sentir que solo tenemos derecho a descansar cuando hemos hecho suficiente. Pero la verdadera pregunta es: “¿cuánto es suficiente?”.

Cuando descansar empieza a sentirse como perder el tiempo

Para muchas personas, un día “bien aprovechado” es aquel en el que lograron cumplir con todo lo que tenían pendiente. En cambio, si pasamos una tarde viendo una serie, durmiendo una siesta, conversando con alguien o simplemente sin hacer nada, puede aparecer cierta incomodidad. 

Pensamientos como: “estoy perdiendo el tiempo”, “podría estar haciendo algo más productivo”, “debería aprovechar este momento”, pueden hacer que incluso nuestros momentos de pausa estén acompañados de culpa. Cuando esto se vuelve frecuente, descansar deja de ser realmente descansar.

Descansar no significa ser “flojo

A veces confundimos descanso con falta de disciplina, pero descansar no es necesariamente estar todo el día sin hacer nada. Tampoco significa abandonar nuestras responsabilidades o metas. Significa reconocer que somos personas con límites, con cuerpos que necesitan recuperarse y con una mente que también necesita hacerlo. 

Por eso, descansar no es lo contrario de cuidarnos. El descanso también es una forma de autocuidado y no necesitamos esperar a estar completamente agotados para permitirnos hacerlo.

¿Cómo te relacionas con el descanso?

Podemos empezar observando qué ocurre cuando tenemos tiempo libre.

Pregúntate:

  • ¿Me siento culpable cuando descanso?
  • ¿Siento que debería estar haciendo algo “más útil”?
  • ¿Me cuesta disfrutar de una actividad si percibo que no es productiva?
  • ¿Necesito haber terminado todas mis responsabilidades antes de permitirme descansar?
  • ¿Me resulta difícil e incómodo estar sin hacer nada?
  • ¿Incluso durante mis vacaciones sigo pensando en todo lo que debería estar haciendo?

Estas preguntas no buscan juzgar nuestra forma de descansar, sino ayudarnos a observar qué relación estamos construyendo con el descanso.

Algunas formas de empezar

No necesitas transformar completamente tu rutina, puedes comenzar con pequeños cambios:

  • Dejar algunos espacios sin planificar: no todo momento libre tiene que estar ocupado.
  • Practicar actividades que disfrutes sin convertirlas en metas: no tienes que leer cierta cantidad de páginas o caminar determinado número de pasos. 
  • Observar tu diálogo interno: cuando aparezca el “debería estar haciendo algo”, pregúntate si realmente tienes una responsabilidad pendiente o si simplemente estás sintiendo culpa por descansar.
  • Respetar tus señales de cansancio: el descanso no debería ser únicamente una respuesta cuando ya estamos al límite.

Y, entonces, podemos empezar a cambiar una pregunta. En lugar de preguntarnos únicamente: “¿Qué puedo hacer hoy?”, también podríamos preguntarnos: “¿Qué necesito hoy?”. A veces la respuesta será avanzar, resolver algo pendiente, otras veces será dormir, desconectarnos, conversar, jugar, pasear o simplemente parar. 

Descansar también es vivir

Tenemos muchas metas que alcanzar, responsabilidades que cumplir y cosas que queremos construir. Y eso no está mal. El problema aparece cuando sentimos que tenemos que estar haciendo algo con cada minuto disponible. 

La vida no está hecha únicamente de momentos productivos, también está hecha de conversaciones que no tenían un propósito, tardes poco “productivas”, siestas inesperadas, películas repetidas, caminatas sin destino y momentos en los que simplemente estuvimos ahí.

Descansar no significa renunciar a nuestras metas, significa recordar que, mientras las perseguimos, también necesitamos vivir. Y quizás aprender a descansar sin culpa sea justamente eso: permitirnos existir por un momento sin preguntarnos qué estamos consiguiendo a cambio.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

This field is required.

This field is required.