Psic. Arantxa Ximena Zamudio Diaz
Romper el silencio y el estigma
Hablar de suicidio nunca es sencillo. Muchas veces en nuestra sociedad todavía se asocia con frases como “está loco”, “es un egoísta”, “quiere llamar la atención” o “eso es un pecado”. Estas expresiones no solo reflejan desconocimiento, también generan dolor y más soledad en quienes ya se sienten al límite. Desestigmatizar el suicidio es un paso urgente: dejar de ver el tema con morbo o prejuicio y empezar a mirarlo con educación, empatía y sensibilidad.
La verdad es que detrás de cada intento de suicidio hay sufrimiento real. Incluso cuando parece una “manipulación” o un “llamado de atención”, lo que en realidad existe es una necesidad profunda de ser escuchado y acompañado. Quitarle seriedad a estas señales puede agravar el dolor de la persona.
Comprender qué es el suicidio y cómo se manifiesta
El suicidio es un acto de autoagresión voluntaria e intencional cuyo objetivo final es la muerte. Pero no siempre comienza de manera explícita. Muchas veces se inicia con lo que se llama ideación suicida: pensamientos, fantasías o deseos de desaparecer. Estos pueden ser concretos (cuando existe un plan definido) o ambiguos (cuando se piensa en “no querer seguir viviendo” sin un plan claro).
También existe la conducta suicida, que puede ir desde autolesiones hasta intentos fallidos de acabar con la vida. En cualquiera de sus formas, siempre debe tomarse con seriedad, porque evidencia un nivel de dolor emocional que la persona no sabe cómo manejar sola.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2023), más de 700 000 personas mueren por suicidio cada año en el mundo, y por cada muerte hay muchas más personas que lo intentan. En el Perú, los datos del Ministerio de Salud muestran que los hombres tienden a consumar más suicidios que las mujeres, aunque ellas presentan más intentos. Estos números nos recuerdan que no se trata de un problema aislado, sino de una realidad que toca a miles de familias.
Mitos que necesitamos dejar atrás
Existen muchas creencias que dificultan la prevención. Algunos piensan que hablar de suicidio “le mete la idea en la cabeza a la persona”, cuando en realidad ocurre lo contrario: hablarlo abre un espacio para aliviar la carga y buscar ayuda. Otros creen que quienes intentan varias veces sin lograrlo “no quieren morir en serio”, cuando lo que suele ocurrir es que la persona no encuentra cómo expresar su sufrimiento.
También se dice que “los niños no se suicidan” o que “si ya lo decidió no se puede hacer nada”. Ambos son falsos. El suicidio puede presentarse en distintas edades y siempre hay margen para intervenir, acompañar y ofrecer alternativas antes de que sea demasiado tarde.
Señales de alerta: lo que no debemos ignorar
Nadie puede leer la mente de otra persona, pero sí hay señales que deben encender alarmas. Expresiones como “ya no puedo más”, “quisiera dormir y no despertar” o cambios bruscos en el comportamiento (aislamiento, abandono del cuidado personal, regalar pertenencias, escribir mensajes de despedida) son indicadores de riesgo.
El consumo de alcohol o drogas, la presencia de una depresión profunda o de eventos vitales estresantes (rupturas, pérdidas, problemas económicos) también pueden aumentar la vulnerabilidad. Prestar atención y no minimizar estas señales puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
Cómo responder si alguien te dice que quiere suicidarse
Escuchar que alguien cercano piensa en quitarse la vida puede generar miedo, confusión e incluso parálisis. La reacción más humana es querer huir del tema, pero lo más valioso que podemos hacer es permanecer presentes.
En ese momento no se trata de tener todas las respuestas, sino de escuchar sin juzgar. Preguntar con calma qué siente, qué lo llevó a pensar en eso, y mostrar con palabras y gestos que su dolor importa. Frases como “no estás solo”, “me importas” o “quiero ayudarte a encontrar apoyo” son un puente hacia la esperanza.
Evita minimizar (“no digas tonterías”, “ya se te pasará”) o culpabilizar (“piensa en tu familia”, “qué egoísta eres”), porque eso aumenta la vergüenza y el aislamiento. Lo más recomendable es acompañar a la persona a buscar ayuda profesional, ofrecer quedarse a su lado en momentos de crisis, e incluso contactar a los servicios de emergencia si existe un riesgo inmediato.
Prevención: lo que sí podemos hacer
La OMS y la OPS recomiendan estrategias claras para prevenir el suicidio: restringir el acceso a medios letales (como armas o pesticidas), formar a profesionales y líderes comunitarios para detectar señales de riesgo, y establecer lineamientos responsables para los medios de comunicación al informar sobre el tema (OMS, 2021).
Pero más allá de las políticas públicas, también hay pasos que cada uno puede dar:
- Hablar abiertamente del tema en casa, en la escuela y en la comunidad.
- Buscar información confiable y dejar atrás los mitos.
- Cultivar relaciones cercanas donde las personas se sientan escuchadas y validadas.
- Cuidar nuestra propia salud mental, aprender a pedir ayuda y normalizar el hecho de acudir a terapia o consultar con un especialista.
La prevención del suicidio es posible. No se trata solo de salvar vidas en un momento crítico, sino de construir entornos donde nadie tenga que cargar solo con su dolor. Escuchar, comprender y acompañar son actos profundamente humanos que, muchas veces, pueden marcar la diferencia.
Referencia de literatura de suicidio: Joiner, T. E. (2005). Why people die by suicide. Harvard University Press. Shneidman, E. S. (1996). The suicidal mind. Oxford University Press. Van Orden, K. A., Witte, T. K., Cukrowicz, K. C., Braithwaite, S. R., Selby, E. A., & Joiner, T. E. (2010). The interpersonal theory of suicide. Psychological Review, 117(2), 575–600. https://doi.org/10.1037/a0018697 World Health Organization. (2021). Suicide worldwide in 2019: Global health estimates. World Health Organization. https://www.who.int/publications/i/item/9789240026643 Organización Panamericana de la Salud. (2023). Prevención del suicidio. OPS. https://www.paho.org/es/temas/suicidio Ministerio de Salud del Perú. (2023). Informe sobre salud mental y conductas suicidas en el Perú. MINSA. Pompili, M., & Tatarelli, R. (Eds.). (2011). Suicide in psychiatric disorders. Nova Science Publishers. Klonsky, E. D., & May, A. M. (2015). The three-step theory (3ST): A new theory of suicide rooted in the “ideation-to-action” framework. International Journal of Cognitive Therapy, 8(2), 114–129. https://doi.org/10.1521/ijct.2015.8.2.114 Corrigan, P. W., Sheehan, L., & Al-Khouja, M. A. (2017). Stigma of suicide screening: A randomized controlled trial of carelink. Journal of Nervous and Mental Disease, 205(12), 939–944. https://doi.org/10.1097/NMD.0000000000000751




