Psi. Giovanna Indica
Desde hace 6.5 años, el tango cobró un espacio importante en mi vida. Me invitó al cambio, al compartir y al disfrutar. Valoro hoy el abrazo porque me brinda bienestar.
Hoy por eso quiero invitarlos a reflexionar y sentir. Sí, sentir. Porque si hay algo que la danza logra, es despertar nuestras emociones más profundas. Y entre todos los estilos de baile, hay uno que tiene una magia muy particular: el tango. No solo es un baile, es una conversación sin palabras, una conexión entre cuerpos y almas. Pero más allá de lo artístico, el tango tiene un impacto real en nuestro estado emocional y mental.
¿Por qué bailamos?
Bailamos para celebrar, disfrutar, para liberar tensiones, para conectarnos con otros, para expresar lo que no podemos decir con palabras. Desde tiempos ancestrales, el baile ha sido una forma de catarsis emocional y comunicación social. Nuestro cuerpo guarda emociones, y el movimiento nos ayuda a liberarlas.
La danza no es solo física: activa regiones cerebrales relacionadas con el placer, la memoria, la empatía y el bienestar.
Tango: más que un baile, una experiencia emocional
El tango nació en el Río de la Plata, entre Argentina y Uruguay, como una fusión de culturas, penas y pasiones. Su música melancólica y su abrazo cerrado lo hacen único. Pero lo que más destaca es su capacidad para tocar el alma.
¿Qué hace al tango tan especial emocionalmente?
1. El abrazo:
En tango, el abrazo es el lenguaje central. No es sexual, es emocional. Dos personas se entregan al momento, escuchándose mutuamente con el cuerpo. Este contacto físico genera oxitocina, la hormona de la confianza y el vínculo.
2. La conexión:
El tango es un diálogo silencioso. No hay pasos preestablecidos, sino improvisación. Para que funcione, ambos deben estar completamente presentes, atentos. Esto cultiva la atención plena (mindfulness) y reduce el estrés.
3. La expresión emocional:
A través del tango, se puede canalizar la tristeza, la melancolía, la pasión o la nostalgia. Bailar tango es como contar una historia con el cuerpo.
4. El poder terapéutico:
Existen programas de tango-terapia para personas con Parkinson, ansiedad, depresión y trauma emocional. Se ha demostrado que mejora la postura, el equilibrio, pero también la autoestima, la confianza y la estabilidad emocional.
¿Qué ocurre en el cerebro cuando bailamos?
Estudios neurológicos muestran que el tango:
- Estimula la dopamina y la serotonina (neurotransmisores del bienestar).
- Mejora la neuroplasticidad (la capacidad del cerebro de adaptarse y cambiar).
- Reduce niveles de cortisol (la hormona del estrés).
- Aumenta la empatía y la sincronía social, al tener que interpretar las señales del otro.
La Danza: conexión humana en tiempos de aislamiento
En una época donde predominan las redes sociales y las pantallas, la danza nos recuerda algo esencial: la conexión real, física y emocional con el otro. Nos obliga a mirar, a sentir, a acompañar y dejarnos guiar. Nos enseña a confiar y a entregarnos al presente.
En el caso del tango, no es como cualquier danza, es mucho más que técnica. Es una medicina emocional. Nos ayuda a sanar, a sentirnos vivos, a conectarnos. En una sociedad que corre, el tango nos obliga a pausar y abrazar.
Así que, si alguna vez se sienten solos, tristes, o desconectados, les dejo esta invitación: bailen tango. Aunque no lo sepan bailar. Abracen, escuchen la música, muévanse con alguien. Y verán cómo el alma empieza a bailar también.
¿Y tú, empiezas a bailar?
Bibliografia: 1. Iacovetta Raya, R. (2013). Bailar tango: una experiencia emocional estimulante [Tesis de licenciatura, Universidad del Aconcagua]. Repositorios Académicos Argentinos. 2. Moscoso Salazar, J. E., & Herrería Terán, A. D. (2021). Beneficios psicológicos y emocionales de la danza aplicados a la salud mental. Estudio introductorio [Trabajo de investigación, Universidad Internacional SEK Ecuador].




