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Cuántas veces nos hemos preguntado sobre la añorada “felicidad”, como si fuera un estadio que hay que alcanzar cuando hagamos esto, o nos compremos aquello, cuando tengamos pareja o una familia, cuando logremos un sueño, en fin, cuando algo ocurra en tu vida que deseas con todo el corazón. Y la vida va pasando y efectivamente obtienes muchas ganancias que te dan alegría y satisfacción, pero lo que no sabemos es que también nos visitan muchas pérdidas que no estábamos preparados para enfrentar. Nadie anda buscando perder algo importante en la vida, pero la vida se encarga que no dejes de llevarte esta experiencia.
Y así, fallece alguien o muchas personas que amas, pierdes relaciones importantes, proyectos y sueños que se van frustrando. Algunos tienden a ver el paso por la vida como una acumulación de experiencias y evalúan su felicidad como una ecuación de ganancias y pérdidas. De esta manera, si en la balanza hay más pérdidas que ganancias, pueden evaluarla como poco feliz y como una vida dichosa si la balanza se inclina para el otro lado.
El problema con esta forma de ver las cosas, es que las dificultades no avisan y es poco el control que ejercemos frente a ellas, como en el caso de la enfermedad de un familiar. Y en otros casos, la solución no dependerá únicamente de nosotros, como en un divorcio o la pérdida de un trabajo. Evaluar nuestra vida como una balanza en la que sólo las ganancias tienen un peso determinante te lleva en automático a la frustración. No hay nada más frustrante que pensar que no hiciste lo suficiente para ser feliz y evalúes tu vida como una mala ecuación.
La vida es mucho más que una simple ecuación, la vida es el camino de un aprendiz que busca entender, disfrutar y crecer. La mirada del aprendiz es apasionada, curiosa y expectante porque nunca sabe lo que el camino le depare.
Puede querer recorrer un tramo más fácil o elegir alguna pendiente, pero sabe que el camino siempre trae sorpresas y en cada una, el caminante experimentará diferentes emociones como alegría, satisfacción, orgullo o tristeza, rabia y frustración, pero con cada experiencia el aprendiz observa y aprende. Entonces, ver la vida de esta manera no te lleva a un resultado final, no esperas un término en la ecuación ya que el aprendiz vive y disfruta del camino y no solo del final. Ve las dificultades y las pérdidas como parte de su existencia, las cuales aprende a aceptar y dejar ir cuando ya sea necesario, como también aprende a ver el futuro con esperanza e ilusión.
Tenemos una sola vida, nacemos y morimos, y solo dependerá de nosotros la manera que queramos transitar ese camino, con una mirada de aprendiz que se cae, se levanta y se vuelve a caer y se vuelve a levantar, aprendiendo de esas caídas y disfrutando de los logros, o con una mirada pasiva donde el destino, el mal tiempo y las dificultades toman el control llevándonos a esa ecuación con un resultado negativo y al azar.
El aprendiz aprende del dolor y disfruta de la alegría compartiéndola, busca crecer en la adversidad porque sabe que el camino está lleno de obstáculos y entiende que pronto aparecerá un obstáculo nuevo que retará su carácter. Les da paso a sus emociones y aprende que son importantes para crecer, aun así, sean incómodas, entiende que no debe compararse con nadie porque son caminos distintos con retos distintos, llega a comprender que la lucha es con el mismo y no con los demás por lo que no importa la velocidad con la que avance sino el entendimiento y disfrute de lo que va viviendo. Finalmente comprende que no debe esperar morir para entender que la vida valió la pena porque lo sabe cada día.
Y tú, ¿prefieres ser el aprendiz o el resultado de una ecuación al azar?




